
El poblado, en su conformación actual, se trata de un montículo artificial de tendencia rectangular, originado por el recorrido de las fortificaciones de diversas épocas, que posee de este a oeste. En un principio, primera mitad del siglo VIII a. C., la ocupación se produjo en las laderas más cercanas al agua y, posteriormente, se extendió por todo el espacio que en la actualidad ocupa el yacimiento. A su alrededor encontramos un conjunto de elementos que completan la zona arqueológica del Poblado de Doña Blanca:

Topografía del tell del Castillo de doña Blanca, extraía de Ruiz Mata, D.: “La colonización fenicia en la Bahía de Cádiz a través del Castillo de doña Blanca”, Anuario Arqueológico de Andalucía / 1990. II, Actividades Sistemáticas. Sevilla, 1990, pp. 291-300
Excavado sólo parcialmente, se trata de un asentamiento de la Edad del Cobre que, en un momento avanzado de su existencia, se extendió por el área que posteriormente ocuparía el poblado del Castillo de doña Blanca. De este momento inicial de habitación del lugar, se han encontrado algunas estructuras de las denominadas fondos de cabaña" de planta circular, con zócalos de mampostería y paredes de tapial, asociados a industrias líticas y cerámicas semejantes a las características de este periodo cultural en el Bajo Guadalquivir y Huelva.
Aunque se poseen indicios del comienzo de su explotación durante la Edad del Cobre, la eclosión del uso de la piedra a gran escala será posterior, con la fundación a principios del siglo VIII a. C. del poblado del Castillo de Doña Blanca.
Durante la Antigüedad y el Medievo la explotación decayó, y no será hasta el siglo XIII cuando se vuelvan a explorar sistemáticamente las canteras, bajo propiedad y control municipal, mediante el arrendamiento de esas explotaciones a los vecinos de El Puerto de Santa María.
Las explotaciones a cielo abierto, ya en los siglos XIX y XX, supusieron la introducción del barreno, con el consiguiente deterioro del medio rural, que ha supuesto la desaparición de, al menos, un 40% de la Sierra de San Cristóbal, y la aparición de extensas excavaciones con cotas de hasta 50 metros de profundidad.
Se trata de un poblado del siglo IV a. C., que surge como consecuencia de la expansión del asentamiento del Castillo de doña Blanca fuera de sus murallas. Este poblado presenta un urbanismo desarrollado, con calles y casas repartidas en lotes rectangulares, así como una serie de instalaciones de carácter industrial. Este sector se encuentra en proceso de excavación.
Se extiende por la falda meridional de la Sierra de San Cristóbal, donde los enterramientos se disponen agrupados, sobre elevaciones naturales o montículos, jalonados acaso por arroyo y riachuelos. Hasta ahora se han localizado tres tipos básicos de enterramientos: Túmulos de gran tamaño; Túmulos que cubren cámaras de mampostería, probablemente circulares; e Hipogeos excavados en la roca natural.