Durante el siglo VI a. C. -con seguridad, desde mediados-, se percibe la evolución de ciertas formas fenicias y el comienzo de otras nuevas que van a constituir el elenco tipológico turdetano entre los siglos V y III a. C.
El poblado adquiere una nueva estructura urbana con nuevos sistemas defensivos y tipos cerámicos evolucionados, que en muchos de sus aspectos mantendrán tradiciones orientalizantes. Se trata, pues, de las mismas gentes, asentadas en un mismo territorio, pero con una situación política y económica distinta tras la pérdida de los mercados orientales.
Los nuevos mercados son ahora el Mediterráneo central y el norte de África y las bases económicas no descansan tanto en los metales, como había ocurrido durante el siglo VII a. C., sino en los productos agrícolas y pesqueros, con todas sus implicaciones industriales.